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Schadenfreude, alegrarse de la desgracia ajena

Schadenfreude, alegrarse de la desgracia ajena

El autobús acaba de cerrar sus puertas. Vamos sentados cómodamente y vemos como empieza a alejarse de la parada. Justo en ese momento nos percatamos que una persona se acerca corriendo por si lo puede coger. Esta vez no ha habido suerte, pierde el autobús en sus narices y en su rostro se aprecia un gesto de tristeza, sin embargo, nosotros esbozamos una ligera sonrisa. ¿Nos acabamos de alegrar por un mal ajeno? El simple hecho de pensar algo así nos incomoda. En alemán existe un término que define este tipo de sentimiento: schadenfreude.

Contenido

  • 1 Schadenfreude
  • 2 ¿Por qué nos alegramos de la desgracia ajena?
  • 3 Reflexión final

Schadenfreude

Schadenfreude se compone de "schaden", que significa daño o desgracia; y "freude", cuyo significado es alegría. Así pues, la definición de schadenfreude consiste en la alegría que podemos llegar a experimentar cuando observamos la desgracia ajena. En español no existe una traducción literal de este término, aunque el más cercano sería regodeo. Sin embargo, regodeo puede darse tanto en situaciones positivas como negativas.

Aunque nos cueste reconocerlo, ¿cuántos de nosotros no nos hemos alegrado alguna vez cuando a un compañero al que no soportamos le ha pasado algo malo? Es preciso aclarar que el concepto schadenfreude recorre todo un espectro, es decir, somos capaces de alegrarnos de que a una persona que no soportamos le pongan una multa, pero no nos alegraríamos si le entrasen a robar a su casa. Sin embargo, schadenfreude no siempre es relativa a un mal menor, sino que en algunas personas va más allá y aquí es cuando empiezan los problemas.

¿Por qué nos alegramos de la desgracia ajena?

Las emociones poseen una función adaptativa, pero, ¿qué papel juega esta extraña emoción en nuestra vida? ¿De qué nos sirve alegrarnos de los males ajenos? ¡Profundicemos!

Alivio

En la película bélica de Stanley Kubrick, "La chaqueta metálica", hay una escena en la que un militar que está en pie dice en voz alta hacia otros dos militares muertos en el suelo: "mejor tú que yo". Es decir, que el mal le ocurra a otra persona nos genera alivio por el hecho de saber que no nos ha ocurrido a nosotros. Si alguien pierde el autobús, nos alegramos de no haber sido nosotros.

Imaginemos que estamos en una famosa heladería y queremos dos bolas del helado más solicitado. Cuando nos ponen las dos bolas, al cliente de atrás le comunican que ya no quedan más existencias. En ese momento, el mal del que teníamos detrás nos genera cierta alegría ya que ha sido él quien se ha quedado sin helado y no nosotros.

Justicia

Es frecuente alegrarnos de que aquellas personas que transgreden ciertas normas éticas y morales, sufran algún tipo de consecuencia negativa. Cuántas veces hemos visto pasar un coche más rápido de lo que debería y alguien ha dicho: "¡ojalá tuviera un susto!". También ocurre cuando alguien, a modo de broma nos quita algo o nos hace rabiar y acto seguido se golpea contra una puerta. Justo en ese momento le espetamos mientras sonreímos: "te está merecido".

Sin embargo, este sentimiento de justicia puede llegar más allá y ser dañino. Si alguien nos insulta, podemos pensar que merece su merecido y para ello le propinamos una paliza. Creemos erróneamente que hemos sembrado justicia y nos alegramos que la persona que nos ha insultado haya recibido un severo castigo.

Cuando el daño es leve

En muchas ocasiones, cuando vamos caminando junto a un amigo y este tropieza y cae, si vemos que se ríe, nosotros también reímos. El mal ajeno en este caso es que alguien tropiece, pero al ver que el daño es nulo o leve, nos reímos. Por otro lado, si nuestro amigo tropieza pero después no se levanta, en lugar de causarnos risa, nos produce preocupación.

Egoísmo y envidia

Nuestro egoísmo y envidia es capaz de hacer que nos alegremos por un mal ajeno. Si un compañero de trabajo promociona para un ascenso y al final no se lo dan, es muy probable que nos alegremos de su no ascenso. Aunque nosotros no aspirásemos a ese trabajo, el simple hecho de que otra persona pueda obtener un beneficio del que de momento nosotros estamos privados, nos puede llegar a generar alegría.

Baja autoestima

Si nuestra autoestima no es buena, nos consuela ver a otras personas fracasando en diferentes aspectos. Por lo general, cuando nuestra autoestima es baja, ver a los demás cosechando algún éxito nos hace pensar que somos peores o inferiores. De esta forma, pensamos que el fracaso de otras personas nos "equipara al mismo nivel" y nos alegramos porque nos sentimos mejor con nosotros mismos.

Rivalidad

A nivel general, aquellos que son del Real Madrid, sentirán cierta felicidad cada vez que pierda un partido el F.C.Bacerlona y viceversa. Saber que el equipo rival está pasando una mala racha nos da cierta alegría, ¿verdad? Es más, cuando ambos equipos van a enfrentarse, si el equipo contrario tiene la baja de dos o tres jugadores importantes, también nos genera cierta alegría.

En este caso se trata de una rivalidad deportiva que puede llegar a ser divertida, sin embargo, como podemos ver en muchas noticias, estas rivalidades pueden ir más allá. Además, no sólo se generan en el deporte, sino entre países. Si dos países están enfrentados, la desgracia de uno de ellos puede suponer la alegría del otro.

Reflexión final

Schadenfreude puede ir desde una simple carcajada cuando nuestro amigo se golpea el dedo del pie derecho contra una mesita, hasta la alegría de un país cuando otro país sufre alguna desgracia. En el primer caso la situación no es preocupante, pero en el segundo caso se vuelve más peligroso. El contrapunto a la alegría por una desgracia ajena es la compasión. Entender el sufrimiento ajeno nos vuelve más sensibles a él.

Cuando alguien nos cae mal, a través de la empatía y la compasión podemos llegar a comprender la razón de su comportamiento. De este modo, en lugar de verlo como alguien negativo, lo veremos como una víctima de las circunstancias que le han tocado vivir. Este hecho puede causar en nosotros que deje de despertarnos tantas emociones negativas y, por consiguiente, que no le deseemos ningún mal.

Video: La alegría por el sufrimiento ajeno (Abril 2020).